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Boleto de entrada: crónica del festival de poesía transdisciplinar ENCLAVE

Por Kassandra Valencia



Las fechas son 28 y 29 de febrero de 2020. El lugar el Centro Cultural de España (CCE) en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El evento: ENCLAVE, un festival anual de poesía expandida (o poesía inquieta en definiciones). Este año celebró su décima edición y propuso, como suele hacer, un eje temático: el rito, el cual se tradujo en poéticas rituales. Ahora, esto es una crónica en retrospectiva y parcial, sobre todo parcial, y requiere algunas aclaraciones. ENCLAVE comenzó de manera oficial el 27 de febrero y concluyó el 29. Locaciones hubo otras más, sin contar su entrecruzamiento con la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, donde lxs poetas invitadxs participaron en mesas redondas y lecturas durante este periodo. El festival es itinerante y se compone de las clínicas de imaginación poética[1], las noches ENCLAVE, las fiestas ENCLAVE y la clausura. Tanto las clínicas como la clausura ocurrieron en el CCE, y la siguiente crónica se limita a ellas.

La relación entre rito y poesía desembocó en un papel hospitalario y el intercambio recíproco entre palabras de distinto origen, por un lado, y entre poetas y público, por otro. La primera clínica a la que asistí fue con Anne Waldman[2], poeta y co-fundadora (junto a Allen Ginsberg) de la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics en la Universidad de Naropa en Boulder, Colorado. Waldman habló de su trayectoria, compartió anécdotas de los poetas beat, y mencionó su admiración por María Sabina, “la sabia de los hongos”. Circuló algunos libros de su autoría por el salón, entre ellos Fast Speaking Woman (1974) que incluye un poema homónimo que rinde homenaje a los cantos chamánicos de Sabina[3]. A los cantos no se les atribuye autoría alguna, y la práctica de Sabina era de carácter ritual ancestral (del cual la propia sabia especula su pérdida al subsumirse a la cultural occidental). Adicionalmente, los cantos no pueden considerarse fuera de su dimensión oral, y es aquí que se establece un puente con el acto poético. Según testimonios, el lenguaje que utilizaba Sabina, así como es sonoro, es sumamente rico en imágenes: “las palabras de Sabina entraban a través de mis párpados cerrados, convirtiéndose en imágenes. El ritmo de sus palabras era una percusión que, paralelamente, hacía que yo tuviera visiones” (Estrada, 101).

Sabina es mencionada como una fuente de inspiración para Waldman, así como Ezra Pound. Durante la clínica, la poeta habló de tres cualidades encontradas en el lenguaje poético: logopoeia, melopoeia, y phanopoeia. Estos niveles “energizan” el lenguaje según Pound[4]. Considerando los comentarios de Waldman, me parece que el retribuir múltiples dimensiones a la palabra genera un intercambio subjetivo y colectivo simultáneamente, en el que una división tajante entre acto poético y ritual se confunde. En oposición a una observación más amplia de esta frontera, me atrae la pregunta: ¿cómo traducir un leguaje poético/ritual? Antes de despedirse, la poeta asignó un ejercicio de escritura en el cual exploráramos el nivel sonoro, visual y verbal en un texto poético. En el ejercicio intenté escribir sobre la visualización de la voz; quise retomar el espejo como figura frente a la cual la voz se visualiza (el día anterior habíamos realizado un ejercicio similar en PS), pero en el momento de escritura confundí “looking glass” por “magnifying glass”, espejo por lupa, lo cual, creo, fue un error acertado.

La clínica con Waldman terminó y de inmediato entraron a la sala el dúo de artistas/poetas montenegrofisher. El dúo está conformado por Luna Montenegro y Adrian Fisher. La sesión comenzó con una presentación breve de su trabajo (aquí puedes verlos en acción), y la proyección del cortometraje Multispecies Offline. Al terminar, nos guiaron por una serie de ejercicios corporales que realizamos de manera grupal: en pie y en círculo alrededor del cuarto, comenzamos a gesticular con el rostro, y después con cada parte del cuerpo; en constante movimiento y rotación alrededor del salón, trabajamos con distintxs compañerxs; emitimos un ruido cada quien, el cual reproducimos improvisando distintas composiciones grupales; de un ejercicio pasamos a otro, hasta el último en el que cada unx era parte de una escultura/organismo en movimiento que ocupaba gran parte de la habitación. Como el lenguaje, también nos energizamos.

Al día siguiente, la primera clínica fue con la poeta y editora Carolina Ebeid, quien acomodó las sillas en la sala en forma de “semilla”; debido a esta reconfiguración proxémica, se creó una relación de comunión y cercanía. Con ayuda de diapositivas nos mostró ejemplos de lo que indaga en su poesía. La charla se enfocó en el aspecto catafático y apofático de un texto, entre lo visible y lo invisible; lo cual ejemplificó con la imagen de un tapiz, de su reverso, y, con una foto en la que alguien no aparece, pero está su nombre en el revés del papel fotográfico, junto al de aquellos que sí están presentes.  Ebeid habló de grietas y de fisuras que permiten ver lo que está oculto. Un carácter emotivo, poético incluso, se filtraba a partir de tenues gestos que hacían de una charla/clase hasta cierto grado convencional un acto ritual. Para comenzar enunciamos el nombre de alguien que no estaba, a través de la enunciación y la memoria lo invisible se hacia visible. Momentos después hablábamos de un sonido que anhelábamos escuchar: para algunxs fueron sonidos emitidos por aparatos electrónicos en desuso, como el que se produce al rebobinar la cinta de un cassette; para mí cualquier sonido externo mientras me sumerjo en agua. Por último, hilamos líneas juntxs al completar la frase “línea como…” que compartió Ebeid. “Line like…” se encuentra en el poema “I Can’t Hear You When You’re Screaming” que leería en la clausura, de forma simultánea con una traducción leída por Lucía Hinojosa. En el poema la línea es una trayectoria evanescente que pone en tensión la unión y separación de dos puntos.

La última clínica fue con el poeta visual y docente de la Universidad de Naropa Jeffrey Pethybridge, con quien dialogamos sobre su proceso de escritura y el papel de las restricciones para estimular soluciones creativas. Pethybridge nos mostró y leyó algunos de los poemas incluidos en su libro Striven, The Bright Treatise (2013). El poemario es de carácter elegíaco, escrito tras la muerte de su hermano.




La imagen del puente está relacionada a la forma en que fallece su hermano, quien saltó del Golden Gate Bridge al agua profunda. El autor nos comentó cómo el duelo fue el incentivo primordial en la escritura de este libro, que experimenta con distintos métodos y restricciones, como el uso de lipogramas a la manera del grupo OuLipo; el juego, no obstante, no es del todo fortuito pues alude a la relación del poeta con su hermano de manera indirecta. El orden impuesto en el proceso de escritura es guía en el proceso de duelo, y enfatiza el carácter ritual de un acto poético elegíaco. El resto de la conversación se desarrolló con preguntas de lxs participantes, a las cuales no daba respuestas unívocas; por ejemplo, en el proceso creativo el método varía de acuerdo al contexto, al tema a tratarse y al soporte, según comentó. Surgían preguntas por ambos lados, que no tenían como finalidad responderse sino ponderarse, cambiar la ruta del diálogo. 

*

El programa de la clausura aparece como la única ruta o línea recta dentro del festival, el cual precisamente destaca por entrecruzamientos, por el cambio de lugares y actividades. Para ese día, las clínicas habían permitido conocer otra cara de algunxs poetas invitadxs, lo cual ofreció una experiencia enriquecida. Lxs poetas estaban en el público, del cual surgían, y subían algunos escalones hasta el escenario. El acto poético fue un intercambio recíproco; al que se sumó la traducción y el flujo de español e inglés (predominantemente) en un mismo discurso como otro tipo de cambio. Había una frontera y un/a mensajerx destinadx a cruzarla, para parafrasear de manera libre el poema de Carolina Ebeid mencionado previamente: “every time there’s a boundary we must appoint the messenger to cross it”.

Rocío Cerón, fundadora y organizadora de ENCLAVE, dio la bienvenida y presentó al poeta chileno Pablo Jofré, quien leyó “Berlín Manila”, acompañado de una pieza sonora y visuales proyectados detrás de él, parte del camino que se deja atrás irremediablemente en un desplazamiento. En “Berlín Manila”, la voz poética narra un viaje en tren con múltiples paradas y un destino diferido, mientras introduce sus impresiones anudadas a un recuento histórico del lugar. El poema habla de peregrinación, de fronteras por abrirse, las cuales serán retomadas y abiertas por otrxs en el programa.
Como mencioné anteriormente, Carolina Ebeid  leyó junto a Lucía Hinojosa “I Can’t Hear You When You’re Screaming” alternado segmentos entre el poema y la traducción, aunque no en el mismo orden. “Línea como un hilo, un hilo a la manija de una puerta atada a un diente”, decía Hinojosa en un eco previo a la línea en inglés “line like string tied to a balloon, string tied to a door handle tied to a tooth…”.  Y continuó con la lectura de “There Is a Devil Inside Me” (escrito en homenaje a Ana Mendieta), pero en esa ocasión sin traducción. 


Otras fronteras que se cruzaron, y tal vez con mayor insistencia, fueron mediales; tratándose de un festival de poesía transdisciplinar se buscaba descolocar las divisiones entre medios. En la lectura de poesía, la voz recobra un valor fundamental al ser la materia sonora de las palabras. El festival fue interesante por mostrar un amplio rango de estilos de lectura, desde una entonación convencional, repetitiva, hasta el juego y exploración de ritmos y timbres vocales. Sobresalió la lectura de Ricardo Castillo por su gestualidad  --Castillo es reconocido por el uso de la experimentación poético-vocal en México desde hace décadas--; así como la lectura de la poeta Rocío Cerón acompañada de una pieza sonora y visual. Cerón leyó empleando distintos volúmenes, ritmos y tonalidades en la voz; además de recurrir a la repetición de manera versátil alrededor de su pieza Observante. La línea “cinco párrafos emiten coordenadas en las copas de los arboles” se entrecortaba, y se re-enunciaba con variaciones, mostrando un juego entre la lectura performativa y el material verbal.

Todd Clouser subió al escenario con una guitarra eléctrica, con distorsión, y declamaba en inglés; el sonido y la poesía se relacionaban de manera irregular. Al par de minutos Mariela Castañeda lo acompañó; la palabra del primer poema fue “plegaria”. Zazil Collins e Ingebrigt Håker Flaten, subieron con máscaras de animales ilustradas, Håker con un contrabajo. Zazil leyó sobre el coyote acompañada del sonido del instrumento en una relación sumamente evocativa.  
Enseguida Anne Waldman & Fast Speaking Music, conformado por Ambrose Bye y  Devin Brahja Waldman, subieron al escenario. Anne Waldman estuvo al centro acompañada por tres instrumentos, un piano, un contrabajo y un saxofón. Desde ahí recitaba con fuerza, su voz cargada políticamente, y dirigida a “ciudadanos”. A manera de reclamo social, el poema cuestiona lo que el ciudadano acepta e introduce en el discurso poético eventos históricos, como evidencia de un argumento no revelado solo aludido en preguntas. Los instrumentos parecían alejarse paulatinamente del centro que ocupaba Waldman, encontrando las notas en puntos dispersos; después, regresaban a la voz de la poeta, que por momentos era un canto suave, antes de volver a reclamar.  La recitación no siguió una línea: los elementos se articularon de manera independiente, pero en una relación de atracción o rechazo que mantuvieron al espectador atentx, dentro de esa misma relación.

Foto: Rafael Arriaga Zazueta



Montenegrofisher cerraron la noche. En su poesía hubo, nuevamente, un interés por el entrecruzamiento, la filtración, a partir de la traducción. Montenegro enunciaba en español lo que Fisher en inglés, y viceversa. Fue interesante que aquí el discurso “original” y la “traducción” se enunciaron de manera casi simultánea, borrando el carácter de uno y otro. Presentaron el poema “Todos somos inmigrantes” en el que juegan con sonidos producidos con una hoja de papel en blanco:  sonidos de golpes, frunces, y silbidos producidos con su superficie dieron paso al sonido de la respiración, y un escupido final ya que introdujeron el papel en la boca. Lxs artistas también jugaron con la gestualidad, y la articulación de fonemas de palabras, desarticulándolas hasta que un sonido llevó a una palabra y una palabra a preguntas (enunciadas en un tono cercano al monólogo). Cerraron con un poema en homenaje a Leonora Carrington, con el título “Dos repollos teniendo una terrible pelea” o “Two cabbages having a terrible, terrible, terrible fight” enunciado con buches, gárgaras, escupitajos, soplidos, y la risa de sorpresa en la audiencia. 


/// Julio 2020 



Bibliografía

Cerón Flores, Rocío, y José Manuel Springer. Clínicas de Imaginación Poética: manual de

educación interdisciplinar. Secretaría de Cultura/EBL-Colección intersticios, 2016.   

Estrada, Álvaro. Vida de María Sabina: la sabia de los hongos. Siglo XXI, 1977.


Materer, T.J, y P. Kline. “Melopoeia, phanopoeia, logopoeia”. The Princeton Encyclopedia of
Poetry and Poetics, editada por Roland Greene, 4ª edición, Princeton University Press, 2012, pp. 862.



[1] Las clínicas de imaginación poética consisten en una serie de conversaciones o breve taller con algunxs de lxs poetas invitadxs al festival. Duran una hora y media. En el marco del festival se ofrecen seis en total, dos por día. En este texto se ahondará en algunos de sus posibles significados en relación al rito, por un lado, en un contexto hospitalario, por otro, por un posible efecto de sanación.

[2] En la Colección Beat de PS, se ha hablado con anterioridad sobre Anne Waldman y la Universidad de Naropa, con particular interés sobre el repositorio de audio perteneciente a esa institución. Alberto Escobar de la Garma escribió acerca de un breve encuentro que tuvo con la poeta en la edición 2017 del festival de Poesía en Voz Alta (cf. “En una escalinata con Anne Waldman, y de cómo pondera la sonoridad de Jack Kerouac”); mientras, Alonzo Caudillo relató la visita de la autora a la Facultad de Filosofía y Letras en “Anne Waldman en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM”. Ambar Geerts Zapién reseñó su visita a la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics en 2019, durante el conocido curso de verano que ahí se imparte (cf. “AGAINST ATROCITY: el programa de verano en la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics”); por su parte, Susana González Aktories, Aurelio Meza y Miriam Torres Carrillo compartieron sus impresiones sobre el repositorio digital de audio arriba mencionado en “Reflexiones sobre el Naropa University Archive Project”.


[3] Para la traducción de los cantos en mazateco, tanto al español como al inglés, se ha acudido en varias ocasiones al registro sonoro grabado por R. Gordon Wasson en una velada en 1957. Sobre la “autoría” de los cantos, la sabia cuenta en conversación con Álvaro Estrada: “el Lenguaje pertenece a los niños santos[como Sabina llama a los hongos]. Ellos hablan y yo tengo el poder para traducir. Si digo que soy la mujercita del libro, eso quiere decir que un pequeño que brota es mujer y que ella es la mujercita del libro, así me convierto durante la velada en hongo-mujercita-de-libro…” (94).

[4] De manera breve, la melopoeia está ligada a la propiedad musical del lenguaje. Phanopoeia a su relación con la creación de imágenes en la imaginación. Logopoeiaes la utilización de las palabras no por su denotación sino por el uso y los contextos a los que se ha vinculado la palabra. Pound describe estos términos en “How to Read” (1931), y los desarrolla con mayor detalle en ABC of Reading (1934).